George Sand o la literatura de los abuelos

George Sand

Imagino, antes de comenzar a leer Por el camino de Swann, cuál será el primer libro que Proust señalará. Olvido esa tarea para luego recordarla en una escena del primer capítulo, en la que la abuela del narrador le regala unos libros, que serán leídos por su madre en una de las mejores escenas de ese primer capítulo.

Cuando leí – hace seis años – , parte de este primer tomo, estaba con mi abuela y sabía que ella nunca haría ese gesto, el de regalarme algún libro, y si lo hiciera, no se propondría el fin de la abuela, esa idea de “nunca podré decidirme a regalar a este niño un libro mal escrito”.

Por supuesto, ahora que leo la primera frase del post de Roberto “Combray no es tu lugar” tiene mucho más sentido esa distancia que no es sólo, digamos, aspiracional, sino por sobre todo, una ética familiar. Así, Los libros que la abuela regala al narrador pertenecen a George Sand– una escritora con nombre travestido – inútil no también evocar a George Eliot y luego asombrarse al leer en el segundo capítulo el uso del seudónimo como parte un chiste hecho a Swann. Desde que leo el nombre de George Sand sé que nunca lo leeré, ni intentaré leerlo, ni mi abuela querrá comprarme un libro suyo, pero ese descubrimiento fingido esconde una pregunta mucho más concreta: ¿cómo fueron los abuelos de Proust? ¿Le habrán regalado  a George Sand?

Así también, los libros que regala son también una especie de residuo de aquellos verdaderos tomos que la abuela del narrador quisiera que su nieto tuviera: la abuela quiere hacerle leer a Rousseau o Musset, pero elige a Sand, sin dejar de lado que ese sentimiento y esa decisión abarcan mucho más que un simple obsequio. En el primer capítulo el apacible estado del narrador se refleja en la idea latente de un personaje lector y cuidadamente dedicado a esa lectura, sin que ese ejercicio infecte la historia.

Por último, la forma en que la literatura se vuelve una escena, también pertenece a una historia con un abuelo: en la segunda parte de Combray, es el abuelo quien molesta al amigo del narrador  (Bloch) para que no vuelva más a su casa. En esa historia, el amigo del narrador se comporta como un verdadero portavoz de una literatura distinta, disímil, arriesgada, pero es el abuelo quien lo refrena, al contrario de su abuela. Supongo que habrá algo ahí.

Cristóbal Carrasco

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