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Infancia

Varias páginas leídas y una sensación de asfixia: Combray no es tu lugar. La infancia, y todo lo que la recuerda, como una zona sobre la que es fácil emitir juicios y ser inapelable. Proust escribe, en Por la Parte de Swann, sobre ese primer tiempo; cómo y dónde nacimos, el entorno, personas que aparecen, el miedo y los temores que nos inventamos, lo que escuchamos y lo que no nos atrevimos a decir.

La manera de aproximarse es una: la escritura. Y funciona con la reflexión que realiza el niño que lee (el lector) que es también el que escribe:

Lo que yo leía eran los sucesos que sobrevenían en el libro; cierto es que los personajes a los que afectaban no eran “reales”, como decía Francoise, pero todos los sentimientos que nos hacen experimentar el gozo o el infortunio de un personaje real se producen en nosotros tan sólo por mediación de una imagen de ellos; la ingeniosidad del primer novelista consistió en comprender que, al ser la imagen el único elemento esencial en el aparato de nuestras emociones, la simplificación consistente en suprimir pura y simplemente los personajes reales sería un perfeccionamiento decisivo. Una persona real, por mucho que simpaticemos con ella, es en gran medida percibida por nuestros sentidos, es decir, que nos resulta opaca, ofrece un peso muerto que nuestra sensibilidad no puede levantar. Si la aflige una desgracia, sólo en una pequeña parte de la idea total que tenemos de ella podremos sentirnos emocionados al respecto; más aún: sólo en una pequeña parte de la idea total que tiene de sí misma podrá sentirse emocionada ella misma.

Eso es lo que hemos leído, eso es lo que leeremos: una pequeña parte de la idea total.

Roberto Santander

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Antesala/manifiesto

Roberto Santander compartió un video (específicamente del programa español “Contrasentidos”, de la Televisión del Principado de Asturias, TPA) que hace referencia a la adaptación de la obra de Proust en cómic, hecha por el francés Stéphane Heuet, y editada por Sextopiso en 2006. No se la ponen nada fácil estos españoles a la iniciativa de Heuet: “¿Se imagina alguien una adaptación de la ‘Crítica de la razón pura’, de Kant?, pues a un imposible semejante se ha enfrentado Stéphane Heuet”, o bien “¿era necesario? ¿a quién puede ir dirigida una adaptación así?”, “Para ser fiel al espíritu de Proust bastaba con reproducir sus ambientes, no su prosa”, en fin.

Pero lo que nos toca de lleno es la pregunta que despacha Caterina Valdés (de quien sólo sabemos su nombre): “¿Quién es capaz de leerse hoy enteros los siete tomos de ‘En busca del tiempo perdido’?, hace falta una larga enfermedad para encontrar tanto tiempo que perder”.

Acá no estamos enfermos, ni nos gusta perder el tiempo. Pero queremos recobrar nuestro verano (y quizás cuántas otras cosas), leyendo a Proust.