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Swann

Leída ya Por la parte de Swann, algunas anotaciones:

1.- Me entretiene la primera parte, la de Combray. Me gustan las digresiones de Proust. Me gustan esas frases intercaladas con guiones que parecen nunca acabar y que dejan un toque onírico. A veces me recuerda a las partes epifánicas de El gran Gatsby. Especialmente el comienzo y el final de la novela de Scott Fitzgerald.

2.- Marco varias partes del libro. Partes como ésta:

Pero había vuelto a ver ora una ora otra de las alcobas que había habitado en mi vida y acababa recordándolas todas en las largas ensoñaciones que seguían a mi despertar…

3.- Y la parte de la magdalena. Uno de los momentos clásicos de la literatura universal del cual había leído mucho acerca de y que reiteradas veces me lo imaginé de distintas maneras. Cita:

Y de repente me vino el recuerdo: aquel sabor era el del trozo de magdalena que, cuando iba a darle los buenos días los domingos por la mañana en Combray -porque esos días no salía yo antes de la hora de misa-, me ofrecía mi tía Léonie, después de haberlo mojado en su infusión de té o tila.

4.- La lectura de la segunda parte (Un amor de Swann) se hace, a ratos, empalagosa. No me atraen mucho las descripciones del narrador sobre Swann y Odette. Me interesan más las digresiones sobre por qué es bueno ir en busca de los recuerdos de infancia que uno tiene -empolvados-  en los recovecos de la memoria. O sea: lo que el narrador tiene que decir sobre sí mismo y no tanto sobre la sociedad de la época y funcionamiento.

5.- La tercera y breve parte (Nombre de países: el nombre) vuelve a engancharme. Menciones a La cartuja de Parma (con lo que me pongo a googlear el vínculo entre Proust y Stendhal) e imágenes de los Campos Elíseos bastante evocadoras. Y la frase, tal vez, que le da sentido a todo. Esa que de por qué estos siete libros se esconden en su totalidad bajo el título En busca del tiempo perdido:

Pero ahora me parecía que, aun cuando no me hubieran conducido a nada, aquellos instantes mismos habían tenido, a su vez, bastante encanto. Quería recuperarlos tal como los recordaba.

Antonio Díaz Oliva